Mateo 13: 1-9, 18-23
12 de julio de 2026
Con este Evangelio de hoy quiero romper con la idea de que algunas personas nacen naturalmente “buenas” y otras están destinadas a fracasar. Jesús nunca dice que la tierra buena apareció por casualidad. Toda persona que cultiva la tierra sabe que un terreno fértil es el resultado de un trabajo constante: se remueven piedras, se arrancan espinos, se abona el suelo y se protege la siembra. Llevado al Evangelio, esto significa que el Reino-Comunidad de Dios no solo transforma personas; transforma las condiciones en las que esas personas viven.
En este evangelio solemos escuchar que Jesús habla de cuatro tipos de terreno. Muchas predicaciones terminan preguntándonos: ”¿Qué clase de tierra eres?” Pero esa pregunta, aunque válida, puede quedarse demasiado corta. Jesús no está simplemente dando una lección sobre espiritualidad individual. Está desenmascarando las condiciones que impiden que el Reino-Comunidad de Dios florezca. La semilla nunca cambia. Lo que cambia es el terreno. La Palabra de Dios sigue siendo buena. Lo que está enfermo es el mundo donde cae.
I. El problema no es la semilla; es el sistema que endurece la tierra.
La tierra del camino está tan pisoteada que ya no puede recibir vida. ¿Cuántas personas viven así? No porque sean malas, sino porque un sistema las ha endurecido.
Hay corazones endurecidos por la pobreza. Por el racismo. Por el colonialismo. Por la violencia.
Por el heterosexismo. Por el sexismo. Por el miedo. Por iglesias que predican condenación antes que esperanza. Cuando la vida nos pisa todos los días, el corazón termina pareciendo un camino. Y entonces la Palabra rebota.
No porque Dios haya dejado de hablar. Sino porque el sufrimiento ha endurecido la capacidad de escuchar. El Reino-Comunidad no culpa a esa tierra. El Reino-Comunidad pregunta: ¿Quién la pisoteó?
II. Las piedras tienen nombre.
Jesús habla de una tierra llena de piedras. Crece rápido. Pero no tiene profundidad. Las piedras de hoy tienen nombres muy concretos: el individualismo; el consumismo; la competencia; la cultura del éxito; el agotamiento permanente; la religión del espectáculo; la espiritualidad sin compromiso.
Vivimos tan deprisa que todo debe producir resultados inmediatos. Queremos una fe instantánea.
Una oración que funcione como una aplicación del teléfono. Pero el Reino-Comunidad crece lentamente. Toda raíz necesita tiempo. Toda comunidad necesita paciencia. Toda transformación necesita perseverancia.
III. Los espinos también son políticos.
Jesús dice que los espinos ahogan la Palabra. Y explica cuáles son: Las preocupaciones del mundo. Y el engaño de las riquezas. Jesús no demoniza el dinero. Denuncia el poder que el dinero adquiere cuando ocupa el lugar de Dios. Esta es la penosa realidad del capitalismo con sus políticas neoliberales las cuales por desgracia la hemos metido en la iglesia.
Vivimos rodeados de espinos. La productividad. La competencia. La ansiedad. El consumo. La obsesión por tener más. El prestigio. La fama. El miedo a perder. Son espinos invisibles. No matan la semilla. La asfixian lentamente. Una sociedad puede estar llena de iglesias… y, sin embargo, vivir completamente ahogada por los espinos del mercado.
IV. La buena tierra no nace; se cultiva.
La buena noticia del Evangelio es que nadie nace siendo buena tierra. La tierra se trabaja. Se rompe. Se riega. Se limpia. Se libera de piedras. Se arrancan los espinos. Eso significa que el Reino-Comunidad no solo cambia personas. También cambia estructuras. No basta con convertir corazones.
Hay que transformar los terrenos donde esos corazones viven. Una comunidad donde nadie pasa hambre. Una economía donde nadie sea descartad@. Una Iglesia donde nadie sea excluid@. Una sociedad donde la dignidad no sea un privilegio. Eso también es preparar buena tierra.
La pregunta que incomoda es esta. ¿Y si el fracaso de muchas comunidades cristianas no fuera que la gente rechaza el Evangelio, sino que seguimos sembrando sin atrevernos a desmontar los sistemas que endurecen la tierra, llenan el corazón de piedras y dejan que los espinos de la riqueza ahoguen el proyecto de liberación salvífica de Jeuss?
Conclusión:
Jesús nunca perdió la confianza en la semilla. La sigue sembrando. Sobre caminos. Sobre piedras. Sobre espinos. Porque nunca deja de creer que otra tierra es posible. La misión de la Iglesia no consiste únicamente en lanzar semillas. Consiste en colaborar con Dios preparando el terreno. Porque el proyecto de liberación salvífico de Jesús no necesita semillas nuevas. Necesita una tierra liberada.
Amen & Ashe
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