Éxodo 1:8–2:10 | Salmo 124 | Romanos 12:1–8 | Mateo 16:13–20

23 de agosto de 2026

Hay una pregunta que atraviesa estas cuatro lecturas: ¿Quién tiene la última palabra: el imperio o Dios? Es el momento cuando obedecer a Dios exige desobedecer.

En Éxodo, el faraón tiene ejército, leyes y poder. Pero tiene miedo. Todo imperio que necesita oprimir para mantenerse en pie ya está confesando su debilidad. Por eso manda matar a los niños hebreos.

Pero aparecen mujeres —Sifrá, Puá, la madre de Moisés, su hermana y hasta la hija del faraón— que comienzan a desobedecer la lógica de la muerte. Antes de que Moisés abra el Mar Rojo, unas mujeres ya habían comenzado a abrir caminos de liberación.

Por eso el Salmo 124 proclama: “Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.”La red se rompió y escapamos. Es la memoria de un pueblo que puede decir: quisieron tragarnos vivos, pero todavía estamos aquí.

Entonces Pablo nos dice en Romanos: “No se conformen a este mundo.” Eso es profundamente radical. No permitan que el sistema les domestique la conciencia. No acepten como normal la desigualdad, el racismo, el colonialismo, el heterosexismo, la pobreza ni ninguna estructura que convierta personas en mercancía.

Y finalmente Jesús pregunta: “¿Quién dicen ustedes que soy?”

Pedro responde: “Tú eres el Mesías.”

Pero confesar que Jesús es el Mesías no es repetir una doctrina. Es escoger una lealtad. Porque si Jesús es Señor, el faraón no lo es. El imperio no lo es. El dinero no lo es. El mercado no lo es.

Y Jesús dice: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia.”

¿Sobre cuál roca?

Sobre una comunidad capaz de reconocer a Jesús y ponerse del lado de la vida.

Una Iglesia que desobedece al faraón cuando el faraón ordena muerte, una Iglesia que rompe las redes que aprisionan al pueblo, una Iglesia que se niega a conformarse con este mundo.

Una Iglesia que utiliza sus diferentes dones para construir comunidad.

La Iglesia no fue llamada a bendecir el imperio. Fue llamada a anunciar que ningún imperio es eterno.

Porque cuando el faraón ordena muerte, Dios levanta parteras.

Cuando colocan redes, Dios las rompe.

Cuando el sistema exige conformidad, el Evangelio produce rebeldía.

Y cuando las puertas del infierno parecen cerrarse sobre el pueblo, Jesús declara:

“No prevalecerán.”

Así que nuestra tarea no es acomodarnos al mundo tal como está.

Nuestra tarea es organizarnos, resistir, cuidar, compartir y construir, aquí y ahora, señales del mundo nuevo de Dios.

Porque el Reino-Comunidad no comienza cuando escapamos de la tierra.

Comienza cuando dejamos de obedecer al faraón y empezamos a construir comunidad. Recuerda, hay momentos cuando obedecer a Dios exige desobedecer

Amen & Ashe

Puedes leer todos los sermones del Padre Luis Barrios en la sección de Sermones.