Bájate de la Barca
Genesis 37:1-4, 12-28; Romanos 19:5-15; Mateo 14:22-33- 9 agosto 2026
Introducción
Las tres lecturas de hoy parecen hablar de asuntos distintos: José es vendido por sus hermanos; Pablo reflexiona sobre la justicia que nace de la fe; y Pedro camina sobre el agua para luego hundirse. Sin embargo, las tres tienen un hilo conductor: la lucha entre el miedo y la confianza en el proyecto de Dios.
Vivimos en una sociedad donde el miedo se ha convertido en una herramienta política y económica. Se nos enseña a desconfiar dela persona “extranjera”, de la persona pobre, de quien es diferente; a competir en lugar de compartir; a acumular en lugar de solidarizarnos. El miedo sostiene sistemas de dominación. Pero el Evangelio nunca ha sido una pedagogía del miedo; siempre ha sido una pedagogía de la esperanza.
I. José: cuando el miedo destruye la fraternidad: (Génesis 37:1-4,12-28)
Los hermanos de José no comenzaron odiándolo. Comenzaron comparándose con él. El favoritismo del padre despertó celos. Los celos se transformaron en resentimiento. El resentimiento terminó convirtiéndose en violencia. El pecado no fue solamente vender a José. Fue permitir que la envidia destruyera la capacidad de verlo como hermano.
Cuando una sociedad deja de ver personas y comienza a ver enemig@s, inmigrantes ilegales, delincuentes, comunistas, enemig@s polític@s o descartables, ya comenzó el camino hacia la violencia. Toda deshumanización comienza cuando dejamos de llamar hermana o hermano al otro.
II. Pablo: la fe no se queda en la boca: (Romanos 10:5-15)
Pablo dice algo profundamente revolucionario: “La palabra está cerca de ti; en tu boca y en tu corazón.” No necesitamos subir al cielo para encontrar a Dios.
No necesitamos bajar al abismo. Dios ya salió a nuestro encuentro en Jesucristo.
Pero Pablo hace una pregunta incómoda: “¿Cómo creerán si nadie les anuncia?”
Y aquí la Iglesia debe examinarse. El Evangelio no puede reducirse a hablar de la salvación del alma mientras guarda silencio frente al sufrimiento de los cuerpos.
Predicar no es solamente hablar. Predicar también es: defender la dignidad humana; acompañar a la persona encarcelada; abrazar a la persona rechazada; denunciar la injusticia; construir comunidades donde nadie sea descartado. Una Iglesia que sólo habla, pero no acompaña, no está proclamando el Evangelio completo.
III. Pedro: caminar sobre las aguas del miedo: (Mateo 14:22-33)
Los discípulos y discípulas están en medio de la tormenta. Jesús no elimina inmediatamente el viento. Primero aparece caminando sobre aquello que los amenaza. Pedro pide caminar también. Mientras mira a Jesús, camina. Cuando mira el viento, se hunde. Eso nos sucede constantemente. Nos hundimos cuando creemos más en las noticias que en el Reino-Comunidad.
Nos hundimos cuando creemos más en el mercado que en la solidaridad. Nos hundimos cuando creemos más en el poder que en el amor. Pedro descubre que la fe no consiste en no sentir miedo. La fe consiste en no permitir que el miedo tenga la última palabra. Y aun cuando Pedro se hunde, Jesús no lo humilla. Lo toma de la mano. Ese es el Evangelio. Jesús no abandona a quienes dudan. Los levanta.
IV. Una lectura radical para nuestro tiempo
José fue víctima de una economía familiar basada en privilegios. Pablo anuncia una comunidad donde todos tienen acceso a la gracia. Jesús invita a caminar sobre aquello que parecía imposible. Las tres lecturas cuestionan nuestros sistemas de exclusión. Nos preguntan: ¿A quién estamos vendiendo hoy por nuestros privilegios? ¿Qué personas seguimos dejando fuera de nuestra fraternidad? ¿Qué tormentas nos impiden caminar hacia una Iglesia más inclusiva, más justa y más humana?
El Reino de Dios no consiste en mantener el orden establecido. Consiste en transformar las relaciones humanas.
El Evangelio siempre incomoda a quienes viven de la desigualdad. Porque Jesús no vino a administrar el miedo. Vino a inaugurar una nueva humanidad.
Conclusión
Nos dice a cada un@; “Ánimo. Soy yo. No tengan miedo.” Y quizá la pregunta más importante no es si las olas desaparecerán. La verdadera pregunta es: ¿Nos atreveremos a salir de la barca? Porque las barcas representan nuestras seguridades, nuestros privilegios y nuestras zonas de confort.
Pero el Reino-Comunidad de Dios siempre comienza cuando alguien, confiando en Jesús, decide dar el primer paso hacia lo imposible.
Amen & Ashe
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