Hechos17:22-31; Salmo 66:7-18; 1 Pedro 3:13-22; Juan 14: 15-21

Sexto Domingo de Pascua- 10 de mayo de 2026

En Vieques y en todo el resto de Puerto Rico, este Evangelio de Juan 14:15-21 suena distinto. Jesús dice: “No los dejaré huérfanos.” Y esas palabras golpean fuerte en una tierra donde demasiadas madres han tenido que criar solas, sostener familias enteras, sobrevivir la migración, los apagones, la violencia, la pobreza emocional y económica, y hasta el abandono institucional.

Jesús no está hablando aquí de una religión sentimental. Está hablando de presencia. De acompañamiento. De una espiritualidad que no desaparece cuando llegan las crisis.

Muchísimas madres conocen ese evangelio sin haberlo estudiado en seminarios. Lo conocen porque han sido espíritu de vida dentro de hogares cansados. Han sido consuelo cuando no había dinero, han sido abrazo cuando el sistema humilla, han sido resistencia cuando otras personas abandonaron.

Pero este texto también confronta. Porque Jesús dice: “Si me aman, guardarán mis mandamientos.” Y el mandamiento de Jesús no es levantar templos vacíos mientras el pueblo sufre. El mandamiento es amar como él amó. Defender la dignidad humana. Romper con la indiferencia. Crear comunidad. Hay madres que enseñaron eso:

  • madres que alimentaron vecinos y vecinas;
  • madres que defendieron hijas e hijos discriminados;
  • madres que trabajaron agotadas para que otras personas pudieran vivir;
  • madres que aun con miedo siguieron luchando.

Esas madres se parecen más al Espíritu Santo que muchos discursos religiosos. El problema es que vivimos en una cultura que celebra a las madres un día, pero abandona a las mujeres el resto del año. Se regalan flores mientras se ignora:

  • la violencia doméstica,
  • feminicidio
  • la desigualdad salarial,
  • la salud mental,
  • el cansancio invisible,
  • la soledad de muchas madres mayores,
  • y el peso que cargan tantas abuelas criando generaciones completas.

Jesús dice: “El Espíritu de verdad… permanece con ustedes.” Ese Espíritu no vive encerrado en iglesias cómodas. El Espíritu vive donde alguien sostiene vida contra toda lógica de muerte.

Por eso hoy no basta decir “feliz día de las madres”. El Evangelio nos obliga a preguntar:

  • ¿Quién cuida a las que siempre cuidan?
  • ¿Quién sostiene a las que sostienen al país?
  • ¿Quién escucha a las madres cansadas?
  • ¿Qué clase de iglesia somos para ellas?

Porque una iglesia que celebra la maternidad, pero ignora el sufrimiento real de las mujeres termina adorando símbolos mientras crucifica cuerpos.

Y entonces Jesús remata con esperanza: “Porque yo vivo, ustedes también vivirán.”

Ese es el corazón del Evangelio: el amor verdadero produce vida, no control, miedo o abandono.

1 Pedro 3:13-22 trata sobre cómo los cristianos no deben temer la persecución ni el sufrimiento por su fe, sino confiar en la justicia y la victoria definitivas de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo, quien sufrió por nuestros pecados y resucitó para acercarnos a Dios.

Hechos 17:22-31 habla sobre la eesperanza cristiana Comencemos con una definición, ya que la esperanza puede significar cosas diferentes para distintas personas. Una buena definición de la esperanza a la que me refiero es: «desear que algo suceda o sea cierto, y tener buenas razones para creer que así será».

Las madres del Reino-Comunidad nos enseñan precisamente eso: que amar es quedarse, acompañar, resistir, y levantar vida aun en medio del cansancio.

Que el Espíritu nos saque hoy de una fe superficial y nos convierta en comunidad que acompaña, protege y dignifica.

Porque el cielo no se espera solamente después de la muerte. El cielo comienza cuando nadie es dejado huérfano o huérfana en la tierra. Si me amas, cuida como madre.  Amén & Ashe.

Puedes leer todos los sermones del Padre Luis Barrios en la sección de Sermones.