Éxodos 17:1-7; Salmo 78: 1-4, 12-16; Filipenses 2: 1-13; Mateo 21:23-32

Decimoctavo domingo después de Pentecostés- Propio 21- 27 de septiembre 2026

Hay momentos en que el pueblo no necesita otro sermón. Necesita agua.

Eso ocurre en Éxodo. El pueblo ha salido de Egipto, pero ahora está en el desierto y tiene sed. Y protesta.

Podemos acusarlo de falta de fe. Pero Dios hace otra cosa: escucha la sed.

No les da una conferencia sobre paciencia. No les dice que oren más. Dios le dice a Moisés que golpee la roca. Y de la piedra sale agua.

Aquí hay una palabra radical para la Iglesia: no basta sacar al pueblo de Egipto; hay que construir condiciones para vivir después de Egipto. No basta decirle a una persona: “sal de las drogas”, si no tiene vivienda, salud y acompañamiento, no basta decir: “Dios ama a las personas pobres”, mientras dejamos intactas las estructuras que producen pobreza. No basta denunciar la injusticia. Hay que sacar agua de las piedras.

Entonces Pablo nos presenta a Jesús: “Se despojó a sí mismo.” Nuestro mundo dice: acumula. Jesús dice: comparte. El mundo dice: sube. Jesús baja. El mundo dice: domina. Jesús sirve.

Filipenses nos presenta un Cristo que no convierte su poder en privilegio, sino en servicio. Por eso, una Iglesia que sigue a Jesús no puede vivir obsesionada con posiciones, títulos y reconocimiento.

La Iglesia no existe para estar por encima del pueblo, sino para caminar en medio del pueblo. “¿Con qué autoridad haces esto?” Y llegamos al Evangelio.

Las autoridades religiosas confrontan a Jesús: “¿Con qué autoridad haces estas cosas?” ¡Qué pregunta!

Mientras Jesús transforma vidas, ellos están preocupados por sus credenciales.

Mientras el pueblo busca agua, ellos preguntan quién tiene permiso para tocar la piedra.

Entonces Jesús cuenta la historia de dos hijos. Uno dice: “Sí, señor.” Pero no hace nada. El otro dice que no, pero cambia y termina haciendo la voluntad del padre.

Y Jesús desenmascara una religión peligrosa:

la religión que sabe decir “sí, Señor”, pero nunca llega a la viña. También nosotros decimos “Sí, Señor” Decimos: Sí, Señor, amamos a todas las personas. Pero excluimos. Sí, Señor, queremos justicia. Pero callamos cuando la injusticia nos beneficia. Sí, Señor, estamos con las personas pobres. Pero queremos darles comida sin preguntar por qué siguen teniendo hambre. Sí, Señor, sí, Señor. Sí, Señor.

Y Jesús nos pregunta: ¿Pero fuiste a la viña? Porque la fe no es solamente ortodoxia: creer correctamente. También es ortopraxis: vivir concretamente aquello que confesamos.

Hermanas y hermanos, Vieques también conoce el desierto. También conoce la sed. Sed de justicia, de salud, de vivienda, de dignidad, de paz, de comunidad.

Y Dios nos coloca frente a la roca. La pregunta no es solamente: ¿Qué creemos?

La pregunta es: ¿Dónde está el agua?

Porque cuando el pueblo tiene sed, primero el agua y después el sermón. Y quizás el milagro que Dios espera hoy no sea que miremos al cielo esperando que caiga agua.

Quizás Dios ya puso el bastón en nuestras manos. Hay que golpear las piedras de la indiferencia, del privilegio y de la injusticia hasta que brote vida.

Porque el Reino-Comunidad de Dios no se demuestra diciendo: “Sí, Señor.”

El Reino-Comunidad comienza cuando entramos a la viña.

Amén & Ashe

Puedes leer todos los sermones del Padre Luis Barrios en la sección de Sermones.