Éxodos 24:12-18; Salmo 99; 2 San Pedro 1:16-21; Mateo 17:1-9
Último Domingo después de la Epifanía – 15 de febrero de 2026

Jesús sube al monte con tres discípulos. No sube para escapar del imperio, sino para prepararse para enfrentarlo.

Desde ese monte ya se ve Jerusalén… y ya se huele la cruz.

En Vieques y en Puerto Rico también conocemos los montes: montes de promesas políticas, montes de discursos religiosos, montes de experiencias espirituales intensas. Pero Jesús no nos llama a quedarnos arriba.

1. La gloria no borra la historia

Jesús se transfigura sin borrar su cuerpo.

Sigue siendo el cuerpo que camina hacia la violencia del imperio romano.

En Vieques, la gloria de Dios no borra: la tierra contaminada por bombas, los cuerpos enfermos por décadas de contaminación, el abandono estatal, la pobreza convertida en paisaje, la isla usada y luego olvidada.

Una fe que habla de luz sin memoria es una fe colonial.

2. La tentación de Pedro: hacer tiendas

Pedro quiere construir tiendas. Quiere quedarse en la experiencia, proteger lo sagrado del conflicto. Hoy también queremos tiendas: iglesias que no incomoden, espiritualidades que no denuncien, liturgias que no nombren la injusticia, fe que no se meta con la política, la economía ni el colonialismo.

Pero la voz del cielo no dice: «Construyan». Dice: «Este es mi Hijo, escúchenlo». Y cuando escuchamos a Jesús en Puerto Rico, lo que oímos es: «Bajen. Acompañen. Denuncien. Sanen. Resistan.»

3. Moisés y Elías no reemplazan el presente

La Ley y los Profetas aparecen… pero luego desaparecen, y solo queda Jesús.

Esto nos recuerda que:

  • La tradición no puede ser excusa para el silencio.
  • La Biblia no puede usarse para justificar desigualdad.
  • La fe no puede estar del lado del poder que oprime.

En Vieques, escuchar a Jesús es escuchar a la gente: a las madres, a quienes viven de la pesca, a las personas envejecientes, a quienes siguen luchando por tierra, salud, educación, empleo y dignidad.

4. «Levántense, no tengan miedo»

Los discípulos caen al suelo, con miedo. Jesús los toca y les dice: «Levántense».

En Puerto Rico el miedo es estructural: miedo a hablar, miedo a perder ayudas, miedo a denunciar corrupción, miedo a tocar intereses poderosos.

Jesús no glorifica ese miedo. Jesús nos toca y nos pone de pie.

La transfiguración verdadera levanta cuerpos y pueblos.

5. El silencio impuesto

Jesús manda a callar hasta después de la resurrección. No porque la verdad no importe, sino porque la gloria sin justicia se vuelve propaganda.

En Vieques, hablar de esperanza sin acción es otra forma de violencia. Solo después de caminar con los crucificados podemos hablar de resurrección sin mentir.

Reflexiones desde las otras lecturas

De la lectura de Éxodos 24:12-18 aprendemos que Dios no baja del Monte sin antes incomodar. Por esto Dios no llama a Moisés a subir al Monte para escapar del pueblo, sino para recibir una palabra que lo desestabiliza todo: poder, religión, liderazgo y seguridad.

Por esto, si tu espiritualidad no te cambia, si tu encuentro con Dios no te vuelve incómodo, si tu fe no te prepara para confrontar injusticia, no estuviste en el Monte.

Mientras que de la lectura de 2 San Pedro 1:16-21 nos deja ver bien claro que la fe cristiana no nace del cuento, sino del testimonio. O sea, la Cruz no es símbolo bonito: es denuncia pública del poder injusto. Una iglesia que convierte el evangelio en «cuento» deja de ser testigo y se vuelve espectáculo.

Por lo tanto, hermanas y hermanos, la transfiguración no ocurrió para que los discípulos o las discípulas escaparan del mundo. Ocurrió para que volvieran a él con otros ojos y dieran testimonio con sus vidas.

Hoy Jesús nos pregunta, aquí, en Vieques y en el resto de Puerto Rico:

  • ¿Seguimos construyendo tiendas… o bajamos del monte para acompañar a un pueblo cansado pero digno?
  • ¿Nuestra fe ilumina la historia… o la encubre?

Jesús baja primero.

Y nos dice, con firmeza y ternura:
«Levántate. No tengas miedo. No hay transfiguración sin conflicto. Transfigurarse es ponerse de pie. Esta isla también puede ser transfigurada.»

Amén & Ashe.

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