Jeremías 31:7-14 | Salmo 84:1-8 | Efesios 1:3-6, 15-19a | Lucas 2:41-52
Segundo Domingo después de Navidad – 4 de enero de 2026

Lucas 2:41-52 suele leerse como una anécdota piadosa del “niño obediente que crece en sabiduría”. Pero Lucas nos presenta algo mucho más subversivo: Jesús se pierde, rompe la expectativa familiar, desobedece la lógica del control y se queda en el templo discutiendo. No está jugando. Está cuestionando.

El primer gesto radical del Jesús adolescente es no volver a casa cuando se lo ordenan.

I. Jesús se pierde… y eso es teológico

“Al regresar, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran” (v. 43).

Perderse no es un error; es una ruptura necesaria. Jesús se pierde del itinerario esperado: de la obediencia ciega, del rol asignado, de la religión heredada sin preguntas.

En un mundo —y una iglesia— obsesionados con el orden, la previsibilidad y el control, Jesús se pierde para encontrarse en otra fidelidad. Por esto hay pérdidas que son actos de fe.

II. El templo no es refugio: es espacio de confrontación

“Lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas” (v. 46).

Jesús no va al templo a repetir doctrina. Va a escuchar, preguntar y confrontar.

El verbo es clave: dialoga, no se somete. Cuestiona la autoridad religiosa desde dentro. Esto nos obliga a preguntarnos: ¿Qué tipo de iglesia forma personas que solo repiten? ¿Qué tipo de fe se asusta cuando alguien pregunta? Una iglesia que no tolera preguntas no está formando discípulos o discípulas, está entrenando súbditos y súbditas.

III. “¿No sabían que debo estar en los asuntos de mi Padre?” (v. 49)

Jesús redefine familia, obediencia y pertenencia. No niega a María y José, pero relativiza toda autoridad humana frente al proyecto de Dios. “El Padre” no es excusa para espiritualizar la vida; es criterio político-teológico.

Los “asuntos del Padre” no son rituales vacíos: son justicia, son verdad, son dignidad humana. Cuando la familia, la iglesia o el Estado contradicen esos asuntos, Jesús se queda en el templo preguntando.

IV. María no entiende… y eso también es discipulado

“Pero ellos no comprendieron lo que les decía” (v. 50).

Ni siquiera María entiende del todo. El discipulado no es comprensión total, sino fidelidad en la incomodidad.

María guarda estas cosas en su corazón, no para archivarlas, sino para dejarlas trabajar. La fe madura no huye del conflicto; lo acompaña con memoria y esperanza.

V. Crecer en sabiduría no es volverse dócil

“Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia” (v. 52).

Jesús crece, pero no se domestica. Crece con conciencia crítica. Crece en gracia, no en sumisión. Una iglesia fiel no produce gente obediente al sistema, sino personas leales al Reino-Comunidad.

Reflexión desde las otras lecturas

  • Jeremías 31:7-14 nos recuerda que, incluso en medio de nuestros momentos más oscuros, Dios está obrando para traer restauración y gozo. La promesa de convertir el duelo en alegría muestra su poder para sanar y redimir.
  • Efesios 1:3-6 revela que, aún antes de la creación del mundo, Dios ya tenía un plan para nosotros. Nos eligió con propósito, no por casualidad. Nos concibió como santos e irreprensibles, no por nuestros méritos, sino por su amor desbordante.

Palabra final

Tal vez hoy Jesús sigue “perdido”: perdido para una religión que prefiere silencio, perdido para una iglesia que teme preguntar, perdido para un país donde el orden vale más que la justicia.

Pero quizás no está perdido… quizás está en el templo, preguntando lo que nadie se atreve a preguntar. Y la pregunta final no es: “¿Dónde estaba Jesús?”, sino: “¿Por qué nos incomoda tanto cuando no regresa con nosotros?”

Amén & Ashé

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También puedes leer todos los sermones del Padre Luis Barrios en la sección de Sermones.