Hechos2:42-47; Salmo 23; 1 Pedro 2:19-25; Juan 10: 1-10
Cuarto Domingo de Pascua- 26 de abril de 2026
I-Juan 10:1-10: El Evangelio de hoy en Juan 10 no es una imagen romántica de ovejitas tranquilas. Es una denuncia espiritual, un manifiesto pastoral y una confrontación directa contra toda religión que encierra en vez de liberar.
Jesús dice: “Yo soy la puerta… yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.” Eso no es poesía devocional. Eso es una declaración política del Reino de Dios.
1. Jesús denuncia a los ladrones y ladronas espirituales:
Jesús comienza diciendo: “El que no entra por la puerta… es ladrón y salteador.” Esto es fuerte. Jesús está hablando de líderes religiosos que controlan sin amar, que organizan sin escuchar, que administran sin acompañar.
Son estructuras religiosas que: usan el miedo para controlar, usan la culpa para someter, usan la tradición para silenciar, usan a Dios para mantener privilegios.
Jesús no vino a proteger ese sistema. Jesús vino a desenmascararlo. Porque el Evangelio no es vigilancia espiritual. Es liberación comunitaria. La puerta del Evangelio no tiene candado
2. Jesús no dice: “Yo soy el pastor del corral”:
Dice: “Yo soy la puerta” Esto cambia todo. Jesús no vino a encerrarnos en la religión. Jesús vino a abrir el acceso a la vida. La puerta en el mundo bíblico significa: acceso, dignidad, protección, pertenencia, posibilidad
Jesús es la puerta que nadie puede cerrar. No la puerta del templo, la puerta de una institución o la puerta de una ideología sino la puerta de la vida abundante.
3. Vida abundante no significa comodidad:
Significa dignidad restaurada. Jesús dice: “Yo he venido para que tengan vida en abundancia.” Pero cuidado:
Vida abundante no es prosperidad individual. Es comunidad restaurada. Vida abundante significa: que nadie sobra en la mesa, que nadie queda fuera del cuidado, que nadie es descartado por el sistema, que nadie tiene que mendigar dignidad. La abundancia del Evangelio es justicia compartida
4. El ladrón roba… pero hoy también roba:
Jesús dice: “El ladrón viene para robar, matar y destruir.” Hoy también hay ladrones y ladronas: Roban esperanza. Roban futuro, roban fe comunitaria, roban la capacidad de imaginar otra sociedad, roban cuando: la iglesia calla ante la injusticia, la religión se vuelve indiferente, la fe se convierte en costumbre vacía, la comunidad deja de acompañar el dolor del pueblo, Pero Jesús dice: Yo soy la puerta. No la del encierro. La del camino.
5. La iglesia existe para abrir puertas, no para vigilarlas:
Si la iglesia controla en vez de acompañar, no está siguiendo al Buen Pastor, si la iglesia excluye en vez de abrazar, no está entrando por la puerta, si la iglesia protege estructuras más que personas, no está escuchando la voz de Jesús. Porque el Buen Pastor no administra ovejas. El Buen Pastor conoce nombres.
6. En Puerto Rico hoy, este Evangelio es urgente:
Este texto nos pregunta: ¿La iglesia abre puertas, o las custodia? Puertas para: personas cansadas, migrantes, pobres, invisibles, jóvenes sin Esperanza, familias heridas, comunidades olvidadas. Jesús no fundó corrales religiosos. Jesús inauguró caminos de vida.
7. Hoy Jesús sigue diciendo:
Yo soy la puerta. No la puerta del miedo. La puerta del futuro. No la puerta del control. La puerta de la dignidad. No la puerta de la religión cerrada. La puerta del Reino abierto.
Y esa puerta sigue abierta hoy. Para Vieques, para el resto de Puerto Rico, para nuestra comunidad y para cada persona que pensó que ya no tenía entrada. Porque la puerta del Evangelio no tiene candado. Porque donde Jesús abre una puerta…nadie queda afuera.
II-Hechos2:42-47:
Este pasaje no describe una iglesia “idealizada”; describe una iglesia peligrosa para el egoísmo, el individualismo y la indiferencia social. Es un retrato del Reino en acción. Aquí tienes sus lecciones radicales principales:
La fe cristiana es comunitaria, no individualista. “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión…” La primera característica no es la espiritualidad privada, sino la vida compartida. El cristianismo no es “Jesús y yo”. Es Jesús y nosotros, nosotras.
III-1 Pedro 2:19-25:
Este pasaje no es una invitación a la pasividad. Es una teología profunda de la dignidad en medio del sufrimiento injusto, escrita para comunidades vulnerables que vivían bajo presión social y política
La iglesia no está llamada a sufrir por sufrir. Está llamada a sufrir si es necesario por amar con valentía.
IV- Conclusión:
Hermanas y hermanos, ser una persona cristiana no es admirar a Jesús. Es caminar donde caminó Jesús. Eso incluye: incomodidad, incomprensión, resistencia social y a veces oposición. El discipulado de Jesús no copia la violencia del mundo, la confronta con otra forma de vivir. Recuerda, la puerta del Evangelio no tiene candado.
Amen & Ashe


