Exodos17:1-7; Salmo 95; Romanos 5:1-11; Juan 4:5-42

Tercer Domingo de Cuaresma-8 de marzo de 2026

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, que reconoce la lucha de las mujeres por eliminar la discriminación en todos los ámbitos de la vida. La mujer trabajadora es aquella persona que se dedica a trabajar, ya sea de forma dependiente o independiente. En Puerto Rico, históricamente menos de la mitad de las mujeres ha participado en el mercado laboral. 

El Día Internacional de la Mujer no nació de un hecho concreto, sino que ha sido el fruto de más de cien años de movimientos feministas para reclamar una igualdad económica, laboral y social entre hombres y mujeres. Hay que remontarse a finales del siglo XIX y principios del XX para recordar los primeros reclamos de igualdad entre hombres y mujeres. Este día se observa de manera oficial desde 1975, cuando fue declarado por las Naciones Unidas.

Partamos del postulado que la supremacía masculina con subordinación de la mujer es un pecado personal y estructural del cual debemos arrepentirnos. el machismo, sexismo, patriarcado, misoginia 

En este contexto veamos el Evangelio de hoy en Juan 4:5-42. Jesús llega cansado. No llega como conquistador espiritual ni como supervisor moral. Llega cansado y con sed. Y se sienta junto a un pozo que no le pertenece. Ese detalle lo cambia todo.

Porque Dios no se revela desde arriba, sino desde el cansancio.

No desde el templo, sino desde el camino. No desde la pureza, sino desde la sed.

Jesús cruza lo que la religión levantó. Samaria no es solo un lugar geográfico; es una frontera ideológica, racial, religiosa y política. Judíos y samaritanos no se hablaban. No compartían vasos, no compartían fe, no compartían historia.

Y Jesús… rompe el apartheid religioso bebiendo de pozos prohibidos”

Habla con una mujer, habla en público, habla con una samaritana. Habla con alguien marcado por el chisme moral. La religión había decidido que ella no merecía conversación. Jesús decide que merece revelación.

Cuando Jesús le dice: “Dame de beber”, no está pidiendo agua solamente.

Está renunciando al privilegio. Está aceptando beber de manos impuras según el sistema. El evangelio comienza cuando Dios se hace vulnerable ante quienes el sistema desprecia.

Jesús no evade la realidad de la mujer con espiritualidad barata. No dice: “No importa tu historia”. La nombra. La enfrenta. La dignifica. “Cinco maridos has tenido…” No como condena, sino como reconocimiento de una vida atravesada por relaciones rotas, por abandono, por supervivencia. Aquí Jesús no actúa como policía moral, sino como sanador de historias fracturadas.

El problema no es cuántas parejas tuvo. El problema es un sistema que deja a las mujeres sin protección, sin estabilidad, sin opciones, y luego las culpa por sobrevivir. Jesús no le pide arrepentimiento primero. Le ofrece agua primero.

Porque el arrepentimiento auténtico nace cuando alguien vuelve a creer que su vida tiene valor.

Este texto nos confronta duramente:

•¿De qué pozos nos negamos a beber?

•¿A quiénes seguimos evitando “por razones teológicas” que en realidad son miedos sociales?

•¿Qué mujeres, qué pueblos, qué comunidades siguen siendo Samaria para nosotros?

Jesús sigue sentado en pozos incómodos. Esperando que dejemos de proteger nuestra pureza y nos atrevamos a compartir el agua.

Porque el Cristo vivo no se encuentra defendiendo templos, sino rompiendo fronteras.

Amen & Ashe

Puedes leer todos los sermones del Padre Luis Barrios en la sección de Sermones.