Isaías 7:10-16; Salmo 80:1-7, 16-18; Romanos 1:1-7; Mateo 1:18–25
Cuarto Domingo de Adviento: 21 de diciembre de 2025
El nacimiento de Jesús no ocurre en condiciones “correctas”.
Ocurre en el cuerpo de una mujer pobre, embarazada fuera del matrimonio, bajo sospecha social.
Desde el principio, el Evangelio nos dice algo radical: Dios no pide permiso al sistema para entrar en la historia.
María queda embarazada “antes de vivir juntos”.
El texto no suaviza el escándalo. La fe cristiana comienza con una crisis moral según los parámetros religiosos y legales de su tiempo. Dios escoge lo que el sistema llama problema para revelar salvación. Todo esto nos demuestra que Dios irrumpe donde el orden quiere controlar.
Por otro lado, José es llamado “justo”.
Pero su justicia no es punitiva, no es legalista, no es ejemplarizante. La ley le daba poder para denunciar, avergonzar, excluir. Él decide no ejercer ese poder. Eso es radical.
José encarna una justicia que protege la vida antes que la reputación, que cuida a la persona antes que la norma. Y todo esto porque la justicia del Reino-Comunidad no busca culpables, busca futuro.
En todo esto, el ángel no explica el misterio, lo exige.
El ángel no le ofrece a José una teología clara ni una prueba verificable. Solo le dice: “No temas recibir a María.” La fe aquí no es entender; es obedecer en medio de la incertidumbre.
José no recibe control, recibe responsabilidad. Esto nos enseña que Dios no nos llama a comprenderlo todo, sino a no huir cuando la vida se complica.
Y aquí viene la mejor parte: Jesús es salvación concreta, no espiritualizada
“Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
No dice: salvará almas para el cielo. Dice: salvará a su pueblo —en su historia real, en su opresión real, en su culpa estructural y personal.
El pecado aquí no es solo individual; es también lo que rompe comunidades, lo que produce exclusión, lo que normaliza la violencia y la mentira. Jesús no viene a anestesiar conciencias, viene a desmantelar el pecado que organiza la sociedad.
Podemos apreciar también que Emmanuel no es un símbolo navideño; es una presencia peligrosa para todo sistema que vive de la exclusión.
“Dios con nosotros y nosotras” no significa Dios cómodo con nosotros o nosotras.
Significa Dios metido en el escándalo, en la fragilidad, en la amenaza, en la vida sin garantías. Dios no llega cuando todo está claro. Llega cuando todo está en riesgo. O sea, Emmanuel es Dios metido en el lugar incómodo.
José obedece… y calla.
José no predica, no explica, no escribe nada. Solo hace lo que el ángel le dijo. La salvación comienza con una persona que decide cuidar lo que no entiende. A veces el acto más insurrecto de fe es permanecer, proteger, servir y acompañar.
Isaías 7:10-16
Es un pasaje bíblico que nos revela la paciencia y la soberanía de Dios ante la duda y el temor humanos. Al leerlo, vemos a Dios hablando directamente a Acaz, rey de Judá, en un momento de crisis. Enfrenta amenazas de reinos vecinos que quieren derrocarlo. El Señor invita a Acaz a pedir una señal.
Este es un gran acto de gracia, ya que Dios le ofrece tranquilidad en medio de su temor. Sin embargo, en lugar de aceptar esta invitación, Acaz se niega, alegando que no quiere poner a prueba a Dios.
Romanos 1:1-7
Trata sobre Pablo presentándose como un siervo de Cristo, expresando su deseo de predicar el evangelio a los romanos y enfatizando la importancia de la fe y la gracia en su salvación. Pablo establece una postura de humildad y obediencia a Cristo al identificarse como siervo, destacando su
disposición a someter su voluntad a la de su amo, Jesús. Este versículo marca el tono de toda la carta, enfatizando el papel de Pablo como mensajero de las enseñanzas de Cristo y como instrumento para compartir el evangelio con los romanos.
Hermanas y hermanos, Mateo 1 nos confronta con una pregunta incómoda:
¿Preferimos una fe que conserve el orden o una fe que proteja la vida?
¿Seguimos leyes que excluyen o sueños que liberan?
Porque cuando Jesús nace así —fuera del sistema, fuera del control, fuera de la respetabilidad— nos obliga a escoger de qué lado estamos. Recuerda, Dios no pide permiso al sistema para entrar en la historia. La Iglesia debe de hacer lo mismo.
Amén y Ashe.
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También puedes leer todos los sermones del Padre Luis Barrios en la sección de Sermones.


